Jéssica es una versátil trabajadora de una empresa más que asentada en su sector, cuya actividad se basa en la distribución de productos relacionados con la climatización, así como de proporcionar un amplio servicio técnico a sus clientes. Jéssica, además de su labor administrativa, se ocupa de la atención presencial y telefónica de los clientes que, como es de esperar, demandan acciones muy dispares.

Hasta ahora gracias a la perspicacia de su empleada, la empresa se ha mantenido en constante crecimiento, pudiendo presumir de la buena atención como una de sus principales virtudes. Sin embargo, este crecimiento está trayendo consigo un considerable aumento de las llamadas, tanto de proveedores como clientes actuales y potenciales. Estas llamadas interrumpen cada vez más la actividad de Jéssica, puesto que además de interferir en su labor presencial cada llamada es una historia distinta.

Un buen día, llega a los oídos de esta empresa la abstracta idea de tener una centralita virtual que gestione las llamadas de forma inteligente. El concepto virtual les genera bastante desconfianza al principio, pues implica un profundo cambio en el sistema de telefonía. Pero poco a poco van descubriendo el nuevo horizonte de posibilidades que la centralita virtual les abre, además de que la idea de mejorar la calidad de la atención telefónica les empuja a probar.

El principal objetivo era establecer un filtro inicial en el que diverjan las llamadas de proveedores, clientes y posibles clientes, para de esta forma si la llamada tiene que atenderla Jéssica, llegue a ella, pero si no es así, que llegue al departamento correspondiente sin que ella tenga que volver a coger un recado. Además de esto, la posibilidad de integrar en la centralita virtual los móviles de los técnicos, permite que desde la oficina Jéssica pueda transferir la llamada de un cliente en apuros al técnico que más le convenga, sin cortar la llamada ni causar ninguna molestia a su interlocutor.

Por si fuera poco, al implantar la centralita virtual, no solo advierten clientes más contentos y una gestión más eficiente de los pedidos, sino que se ha reducido la carga telefónica que soportaba nuestra amiga Jéssica, lo que le permite dedicar tiempo a labores que antes le eran imposibles.

Una decisión de éxito por sólo 16 euros al mes y sin permanencias.