La oferta de las compañías telefónicas ha ido evolucionando a lo largo del tiempo. En la actualidad existen un sinfín de opciones en las tarifas que ofrecen los operadores de telefonía: tarifas planas o “ilimitadas”, bonos, transacciones económicas durante la llamada, etc. Al encontrarnos con tantísimas alternativas, es importante informarnos bien, ya que según el tipo de contrato que tengamos, a final de mes podremos encontrarnos con alguna sorpresa que no preveíamos por culpa de la trampa de las tarifas planas.

En el artículo de hoy, analizaremos cómo funcionan las tarifas planas de teléfono y en qué debemos fijarnos si realmente queremos ahorrar y evitar caer en alguna de las trampas que muchas compañías nos ofrecen.

 

Tarifa de pago por llamada vs. tarifa plana

 

Por un lado, en las tarifas de pago por llamada, generalmente, se establece un coste por duración de la llamada, es decir, por cada segundo que dure la llamada, la compañía cobrará una cantidad de dinero. En resumen, el cliente paga por lo que consume.

Por otro lado, con la tarifa plana, las compañías telefónicas ofrecen llamadas “ilimitadas” o un paquete de minutos a un precio fijo, que se paga de forma mensual o anual, se consuman o no. Normalmente, si se consume el total de minutos, el usuario puede seguir llamando pero a un precio bastante más alto que el que se paga por el paquete base. En el caso de las llamadas “ilimitadas”, entrecomillados precisamente la palabra ilimitadas porque los contratos suelen incluir una letra pequeña que establece que si sobrepasas de X minutos, comenzarán a cobrar más caro por cada llamada. La finalidad de la compañía es, básicamente, enmascarar el precio real de lo que realmente se paga por cada minuto.

 

¿Dónde está la trampa de las tarifas planas?

 

Nadie puede negar que las tarifas planas parecen atractivas en un primer momento y que de hecho es lo que buscamos en primera instancia, pero, ¿te has parado a pensar si de verdad necesitas una tarifa plana? y, ¿cuál es la trampa de las tarifas planas?

Si analizamos con cautela su funcionamiento, realmente no resultan tan interesantes, y aún menos para las empresas. Decimos esto último ya que una empresa, por lo general, realizará un número más alto de llamadas salientes que un particular, y por lo tanto estará dispuesto a pagar un precio más alto por paquetes de mayor tamaño. 

Algunas de las trampas más frecuentes son:

  • “Comprar más cantidad porque así pensamos que el precio final será más bajo, aunque no vayamos a consumir tanto”. Es difícil no caer en la tentación de pagar una tarifa fija, aunque no le vayamos a sacar el máximo partido, por aquello de las economías de escala: “Si compro más cantidad, al final estoy pagando menos por cada unidad…”. Sin embargo, es una evidencia que de una forma u otra, estamos pagando más de lo que realmente necesitamos, lo que se trata de un sobrecoste.

Un ejemplo sería: si contratamos una tarifa en la que 600 minutos nos salen por 10 euros al mes, lo primero que se nos viene a la cabeza es que estoy pagando a 1,6 céntimos el minuto, pero si solo estoy consumiendo 200 minutos del paquete, el coste por minuto real sube a 5 céntimos, ya que la factura de 10 euros tendrás que pagarla de todas formas cuando llegue final de mes.

 

  • “Contratar más cantidad para poder llamar “gratis” a todos mis contactos”. Esto ocurre sobre todo al contratar tarifas “ilimitadas”. Mucha gente tiene la sensación de que, por disponer de un amplio paquete de minutos, las llamadas le salen “gratis”, cuando la realidad es que ha pagado por algo que no necesita. Debemos ser realistas con la cantidad de llamadas que vamos a realizar en un mes para evitar caer en la trampa del despilfarro.

 

  • “Contratar una tarifa plana que no se ajuste a nuestro nivel de consumo”. La realidad es que cada empresa tiene un perfil de consumo y realiza un número de llamadas telefónicas variable en función de sus necesidades. Es cierto que hay empresas que llevan una estrategia y un comportamiento más o menos similar, y se pueden establecer ciertos patrones de consumo. No obstante, el principal problema es que, dentro de una misma empresa, no se suelen realizar el mismo número de llamadas cada mes. 

Por ejemplo, en verano suelen hacerse menos llamadas comerciales y de menor duración, ya que los clientes y los proveedores se encuentran de vacaciones y es más difícil hacer coincidir nuestros horarios. Es por ello que, durante estos meses, no llegaremos a consumir todos los minutos de nuestra tarifa plana.

Sin embargo, en otros meses de mayor actividad, como puede ser la vuelta a la rutina en septiembre o las últimas semanas antes de Navidad, las llamadas de la empresa suelen aumentar, con el fin de preparar todo para la vuelta al trabajo y finiquitar los últimos detalles antes de que llegue el final del año. Esto supone que la tarifa plana se puede quedar corta en algunos meses, lo que conlleva el sobrecoste de pagar las llamadas a un precio muy superior que el del contrato base. 

 

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En conclusión, la moraleja es que debemos ser conscientes del consumo que realizaremos. La tarifa plana, a veces, se nos presenta como una oportunidad perfecta para llegar a fin de mes con tranquilidad, pero después se vuelve un problema al hacer cálculos a final de año. Y es que, en realidad, aunque cada mes estemos pagando lo mismo, no significa que siempre consumamos lo mismo. De hecho, este tipo de tarifa crea una falsa sensación de tranquilidad, la cual provoca que acabemos gastando más de lo que lo haríamos con una tarifa de pago por llamada, en la que solo pagamos por lo que de verdad consumimos.

 

Conclusiones

 

Ser precavido a la hora de gestionar las llamadas de nuestra empresa es fundamental si queremos ahorrar en la factura de teléfono. Evidentemente, no existe ninguna oferta perfecta o totalmente adaptada a nuestras necesidades, por lo que es bueno revisar de forma periódica nuestra factura telefónica para llevar un control sobre el gasto. Aunque el mercado sigue una continua evolución, nunca podremos dar con una tarifa perfecta y siempre hay que replantearse lo que uno realmente necesita y puede gastar. La forma más fácil de hacerlo y llevar el control es contratando una tarifa de precio por llamada o minuto, ya que sólo pagaremos por lo que consumamos y podemos analizar nuestro consumo a lo largo del tiempo. La clave está en no caer en la trampa de las tarifas planas.